Charlotte se sentó al lado de la barra y pidió un vodka con limón, lo necesitaba después de una noche de trabajo. Se bebió ése y cinco más, junto con sus penas y sus ilusiones marchitas. Ella estaba dispuesta a pedirle otro más al camarero pero una mano sobre su hombro la frenó.
- No deberias beber más - Charlotte se giró con sus ojos felinos, y le echo una mirada de menosprecio al hombre que tenia en frente suya.
- Que sabrás tú - hizo caso omiso de sus palabras y pidió su sexto vodka.
- Me llamo Bruce - dijo éste, sentandose a su lado.
- Si supieras lo que soy, no estarias interesado en mi, Bruce.
- Bueno, puedes probar a olvidarte de lo que eres durante esta noche.
- Eso es muy fácil decirlo - contestó Charlotte. Sin embargo, por mucho que no quisiera, Bruce había conseguido que ella sintiera interés por él.
Bruce la miró son una sonrisa arrebatadora, mostrando su calidez. Ella suspiró.
- Charlotte, soy Charlotte.
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Puta, eso es lo que eres
Charlotte se pone el vestido negro, ése que insinúa descaradamente. Con las medias negras y los zapatos de destrozacorazones, si, los del tacón de aguja que tanto le gustan. Se peina la melena roja roja que tiene, dejándola suelta por la espalda. El rímel negro acaricia sus pestañas y el eyeliner disfraza el contorno de sus ojos, dándola un aspecto feroz, salvaje. Colorea sus labios de carmín rojo y se mira al espejo. Odia su reflejo. Puta, se dice a si misma, eso es lo que eres.
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